Un año de colección: María Pía Fernández tuvo un 2018 inolvidable

Un año de colección: María Pía Fernández tuvo un 2018 inolvidable

El 2018 hizo méritos para ganarse un lugar en la memoria de María Pía Fernández, quien a lo largo del año se encargó de construir la mejor temporada de su carrera.

La atleta nacida en Flores estableció en ese período cuatro récords nacionales (en algunas ocasiones superando sus propias marcas), en 3000 metros llanos, 3000 con obstáculos, milla y 5000, y ganó cuatro importantes medallas: dos en los Juegos Odesur celebrados en Cochabamba (plata en los 1500 y bronce en los 800) y dos en el Iberoamericano de Atletismo (oro en los 3000 y plata en los 1500).

Sin lugar a dudas, la mochila cargada de experiencias y éxitos la transformaron en la atleta más destacada de 2018. En entrevista con La República, Pía Fernández evaluó su fantástico año, los caminos que lo llevaron a donde se encuentra, y los objetivos que se plantea para 2019. Además, habló sobre la importancia de la fortaleza mental y los desafíos que debe sortear un atleta de alto nivel para destacarse en Uruguay.

¿Cómo definirías el 2018 que tuviste?

La verdad que este 2018 fue sin dudas mi mejor año, en el que pude obtener mis mejores resultados. Ya sea por las medallas o récords, me dejó sumamente contenta, porque era el objetivo que nos habíamos planteado con Sebastián (Allende, su entrenador) a principio de año. Haberlo conseguido me da una satisfacción enorme.

¿Qué crees que te llevó a tener un año tan bueno?

Uno cuando obtiene resultados, tiene claro que no son fruto del trabajo que hiciste ese mismo año, sino que son consecuencia del trabajo de muchos años atrás.

Particularmente este año lo arrancamos muy bien. Pude preparar los Juegos Odesur en la altura: estuve un mes entrenando en esas condiciones, y creo que eso me dio un plus para el rendimiento.

Después estuve casi 50 días en España, entrenando, y fui a competir a varias ciudades de Europa. Ahí hice el récord de 3000 metros, y mi mejor marca de 800. Sin duda fue una experiencia que aproveché muchísimo, y que me dio mucho roce internacional, que es lo que realmente necesitamos para seguir creciendo y mejorar.

El estar afuera, esas preparaciones, me dieron ese plus que veníamos buscando hace tiempo, y por suerte nos llevó a tener buenos resultados.

¿Cuál de todos los logros conseguidos fue el más inesperado?

La verdad que no puedo decir que no me lo esperaba, porque todos los logros conseguidos este año fueron en algún momento un objetivo que nos planteamos, y por suerte pudimos cumplirlos.

Me parece que la medalla de oro en los 3000 metros de los Iberoamericanos era uno de los sueños más altos que tenía, y pudimos hacerlo realidad. Quedarme con en el primer puesto en una competencia tan exigente, donde hubo rivales de muchísima jerarquía, entre ellos una selección española que, a diferencia de lo que pasó en otras ediciones, vino con sus mejores atletas, fue el broche de oro para el año.

¿Cuáles dirías que son los más grandes desafíos a los que debe enfrentarse un atleta de alto nivel en Uruguay para poder destacarse?

Creo que acá en Uruguay una de las principales dificultades que tenemos es que no hay una competencia interna fuerte, y lo mismo pasa en Sudamérica. Nos cuesta un montón competir. Entrenamos durísimos, pero después a la hora de la competencia capaz que estas no son tan fuertes. No estamos dando nuestro máximo rendimiento, y tenemos que salir afuera para poder seguir creciendo. Si no es imposible.

Hablaste de los momentos en que las cosas no salen bien. ¿Qué tan importante es la fortaleza mental en esas instancias?

La fortaleza mental es importantísima. Un atleta tiene que saber que, a la hora de competir, ganar y perder está en un 50-50. Por más que te hayas preparado súper bien, hay un montón de factores externos a uno que van a influir en la competencia.

A mí me pasó el año pasado en el Sudamericano, para el que me había preparado muchísimo y había llegado súper fuerte. Pero la semana anterior a la competencia tuve una gripe fuerte, que me tiró abajo todo el trabajo que habíamos hecho. Cuando corrí, lo hice con fiebre alta, y mal.

Obviamente me frustré un montón. Pero uno tiene que saber sacar lo mejor de esos momentos, ser consciente de que no se terminó el mundo. En el momento se hace difícil hacerlo, porque es un golpe tener una competencia mala y un objetivo incumplido, pero hay que ser lo suficientemente fuerte para reconocer que esa instancia estuvo más allá de vos y tu preparación.

Hay que pensar en lo próximo, no tirar la toalla o dejar de entrenar por un tiempo, que son cosas que muchas veces se ven en el ambiente, lo vemos con otros colegas. Yo he tenido mucha suerte en ese sentido, porque cuando las cosas no salen bien tengo el apoyo de mi entrenador y de mi couch, que es como mi sicólogo deportivo, Carlos Servian (¿?), que él siempre está ahí para arreglar mi cabecita, que no es tarea fácil (risas).

Tengo un equipo de trabajo que me apoya, y también a mi novio Eduardo, que me ayuda un montón. Me parece que rodearse de gente que te anime y te haga ver las cosas como son es sumamente importante para la carrera de cualquier deportista.

¿Crees que hay margen para seguir creciendo? ¿Qué desafíos te planteas para el año que viene?

Sin dudas tengo muchísimas cosas para mejorar. Ya nos sentamos con Sebastián a planificar el 2019, un año previo a los Juegos Olímpicos, que será muy importante para nosotros.

Llegó el momento de pararse y ser conscientes de que ya estamos ahí, y hay cosas que hay que cambiarlas ahora y medidas que debemos tomar ya. Estamos rumbeando a eso.

Voy a arrancar el 2019 entrenando en España, haciendo un entrenamiento bastante exigente. Voy a estar allá desde el 14 de enero hasta marzo, entrenando fuerte y compitiendo, que como hablábamos antes, es lo que te da un plus.

Después vuelvo acá para los Grand Prix Sudamericanos, que van a ser primero acá en Uruguay, luego en Argentina y después en Chile. Más adelante vendrá el Sudamericano de mayores, y tras eso la idea es volver a España a preparar los Juegos Panamericanos, que son la gran competencia de 2019. Quiero llegar lo mejor que se pueda.

Profeta en su tierra

La gente de tu ciudad, Flores, te trata de maravillas. ¿Qué te genera esa reacción?

“Yo siempre digo que el cariño y el respeto de la gente es la medalla más valiosa que uno puede cosechar. Estoy sumamente agradecida con el apoyo y cariño que recibo, no solo de la gente de Flores, sino en general.

Capaz que acá (en Flores) es particular, porque al ser una ciudad más chica, la gente te conoce más y reconoce tu esfuerzo. Se sienten identificados cuando voy al exterior a competir. Siempre me mandan mensajes diciendo ‘vamo arriba Flores, arriba Uruguay’. Eso para mí es como otro empujoncito para seguir logrando objetivos y luchando día a día.

Cuando las cosas salen bien, obviamente están todos. Todo el mundo te felicita y está contigo, pero a veces eso cambia cuando las cosas no salen de la mejor manera. Pero la gente de Flores siempre está, siempre me da para adelante y me recibe con cariño, así traiga una medalla o no traiga nada. Ese apoyo te da un plus, un empujón para seguir mejorando”.