La suma de algunos miedos globales

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La recesión previa a la de 2008, menos seria, en 2001, también tuvo una causa única: la burbuja de las acciones de tecnología e inversión reventó.


No obstante, el desplome anterior, en 1990-91, fue una historia más revuelta. Se trató de una recesión que incluyó un poco de todo: una caída originada por diversas causas, que iban desde problemas con las instituciones de ahorro y crédito hasta el exceso de edificios de oficinas y la caída en el gasto militar al final de la Guerra Fría.

La mejor hipótesis es que la próxima recesión también se derivará de una mezcla de problemas, en lugar de tener una sola causa importante. Además, en el transcurso de unos cuantos meses hemos comenzado a ver cómo podría suceder. No hay ninguna certeza de que una recesión sea inminente, pero algunos de nuestros miedos están comenzando a materializarse.

En este momento, identifico cuatro marcadas amenazas para la economía mundial (tal vez se me escapen otras).
China: muchas personas, incluido quien escribe, han venido prediciendo una crisis china desde hace mucho tiempo, pero sigue sin suceder. La economía china tiene un profundo desequilibrio, hay demasiada inversión y muy poco gasto del consumidor; pero el gobierno ha podido alejarse del precipicio una y otra vez impulsando la construcción y ordenando a los bancos que faciliten los créditos al máximo.
Pero, ¿ha llegado finalmente el día del juicio final? Dada la resiliencia pasada de China, es difícil estar seguro. A pesar de ello, los datos recientes sobre la manufactura china parecen funestos.
Así mismo, los problemas en China tendrían repercusiones en todo el mundo. Tendemos a pensar en China solo como el gigante de las exportaciones, pero también es un gran comprador de productos, en especial de productos básicos como la soja y el petróleo; los agricultores y los productores de energía estadounidenses estarían muy descontentos si la economía china se atascara.


Europa: durante varios años tras la recuperación de la crisis del euro, Europa ocultó su debilidad económica subyacente, originada por una población que envejece y la obsesión de Alemania con los superávits presupuestales. No obstante, su racha de buena suerte parece estar llegando a su fin, debido a la incertidumbre en torno al Brexit y la crisis en cámara lenta de Italia que debilita la confianza. Como sucede con China, los datos recientes no son halagüeños.
Y al igual que China, Europa es un gran actor en la economía mundial, así que sus tropiezos se harán sentir en todos, incluido Estados Unidos, por supuesto.

La guerra comercial: en las últimas décadas, las empresas mundiales invirtieron enormes sumas con base en la creencia de que el proteccionismo de la vieja guardia era una cosa del pasado. No obstante, Donald Trump no solo ha impuesto aranceles altos, ha mostrado estar dispuesto a violar el espíritu, si bien no el texto, de los tratados comerciales existentes. No hay que ser un doctrinario del libre comercio para creer que esto debe tener un efecto económico recesivo.
Por ahora, los líderes corporativos supuestamente creen que las cosas no se saldrán de control, que Estados Unidos y China en específico llegarán a un acuerdo, pero este sentimiento podría cambiar de forma repentina (si es que eso sucede) cuando las empresas se den cuenta de que los de mano dura todavía parecen tener la sartén por el mango.

El cierre del gobierno estadounidense: no solo no se está pagando a los trabajadores federales, tampoco a los contratistas, a quienes nunca se les reembolsarán sus pérdidas; los que reciben cupones de alimentos dejarán de hacerlo si continúa este punto muerto, y habrá más. Es muy probable que los cálculos convencionales del costo del cierre sean demasiado bajos, porque no consideran la afectación que un gobierno que no funciona impondrá en todos los aspectos de la vida.
Al igual que con la guerra comercial, los líderes empresariales supuestamente creen que el cierre se resolverá pronto. No obstante, ¿qué sucederá con la inversión y la contratación cuando el Estados Unidos corporativo concluya (si es que se da cuenta) que Trump se ha encerrado a sí mismo y que esto podría continuar durante meses?
Así que hay varias cosas que están saliendo mal, y todas suponen una amenaza para la economía.


¿Qué tan malo será?La buena noticia es que, incluso teniendo en cuenta todas estas negativas en conjunto, no se acercan a reproducir el golpe que la economía mundial recibió con la crisis financiera de 2008. La mala noticia es que no está claro qué puedan hacer o harán los legisladores para responder cuando las cosas salgan mal.

La política monetaria —es decir, los recortes a las tasas de interés por parte de la Reserva Federal y sus homólogas en el extranjero— normalmente es la primera línea de defensa contra la recesión. No obstante, la Reserva Federal tiene un margen de maniobra para recortes muy limitado, porque las tasas de interés ya son bajas, y en Europa, donde las tasas son negativas, así que no hay margen en absoluto.

La política fiscal —los aumentos provisionales en el gasto gubernamental y la ayuda a los trabajadores vulnerables— es respaldo habitual de la flexibilización monetaria. No obstante, ¿un presidente que está tomando como rehenes a los trabajadores federales en busca de un muro inútil estará dispuesto a promulgar un estímulo sensato? Y en Europa, cualquier propuesta de una acción fiscal probablemente se enfrentaría a la negativa habitual de Alemania.

Por último, lidiar de manera eficaz con cualquier tipo de desplome mundial requiere mucha cooperación internacional. ¿Qué tan factible es considerando quién está actualmente a cargo?

De nuevo, no estoy diciendo que necesariamente está a punto de haber una recesión mundial, pero es evidente que los riesgos están aumentando: las condiciones para dicha recesión están dadas, lo cual no era así hace unos meses.